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Corpus Christi

Una multitudinaria manifestación de fe, esperanza y unidad en Catamarca

Bajo el lema "Adoremos a Jesucristo, nuestra Paz", las comunidades parroquiales de Capital celebraron la Solemnidad de Corpus Christi en el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica.

6 Junio de 2026 20.24

En la tarde de este sábado 6 de junio, las comunidades parroquiales de Capital se congregaron en el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica para participar de la Solemnidad de Corpus Christi, una de las festividades más significativas del calendario litúrgico católico. La celebración se desarrolló bajo el lema "Adoremos a Jesucristo, nuestra Paz" y estuvo especialmente enmarcada en el Año Jubilar por el Bicentenario del nacimiento del Beato Mamerto Esquiú, figura central de la espiritualidad catamarqueña.

La jornada coincidió además con el fin de semana de realización de la Colecta Anual de Cáritas, iniciativa que se lleva adelante en comunión con todo el país y que busca fortalecer las acciones solidarias en favor de quienes más lo necesitan.

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, y concelebrada por el vicario general, padre Julio Murúa; el rector del Santuario Catedral, Pbro. Juan Ramón Cabrera; el rector del Santuario de la Gruta, Pbro. Santiago Granillo; junto con los demás sacerdotes del Decanato Capital.

Nuevos ministros para el servicio de la Eucaristía

Uno de los momentos destacados del inicio de la ceremonia fue la lectura del decreto de designación de los nuevos Ministros Extraordinarios de la Comunión, realizada por el párroco de Santa Rosa de Lima, padre Julio Quiroga del Pino.

Los nuevos ministros asumirán la misión de colaborar con los sacerdotes en la distribución de la Eucaristía durante las celebraciones litúrgicas y también en el acompañamiento espiritual de enfermos y ancianos, llevando la comunión a quienes no pueden participar presencialmente de las misas.

"¿De qué tenemos hambre, realmente?"

Durante su homilía, Mons. Urbanč invitó a los presentes a una profunda reflexión espiritual al plantear una pregunta que atravesó todo su mensaje: "¿De qué tenemos hambre, realmente?".

El obispo señaló que la sociedad actual se encuentra inmersa en una búsqueda constante de respuestas para llenar los vacíos existenciales.

"Vivimos en un mundo lleno de ofertas para saciar nuestros vacíos. Buscamos llenar la vida de 'me gusta', de éxitos, de seguridades materiales o de placeres efímeros", expresó, advirtiendo que esas búsquedas suelen desembocar en una sensación persistente de insatisfacción.

Frente a esa realidad, afirmó que existe una necesidad humana más profunda que ninguna realidad material puede colmar completamente.

"El ser humano tiene un hambre que nada en este mundo puede saciar por completo: hambre de infinito, de amor, de felicidad y de eternidad. La Eucaristía es el mayor regalo que el Señor Jesús nos dejó, para que no pasáramos hambre en nuestro camino terrenal", sostuvo.

La importancia de hacer memoria

Al profundizar en las lecturas proclamadas durante la celebración, el obispo destacó el valor de una palabra que, según indicó, parece haber perdido relevancia en la actualidad: recordar.

En ese sentido manifestó que la cultura contemporánea está marcada por la inmediatez y por el constante reemplazo de experiencias y acontecimientos. Frente a ello, sostuvo que la celebración de Corpus Christi invita a detenerse y reconocer la acción de Dios en la propia historia.

"Detente, mira hacia atrás, haz memoria y descubre Quién te ha estado sosteniendo y lo seguirá haciendo", expresó.

La Eucaristía como entrega total de Cristo

Mons. Urbanč también centró su reflexión en el Evangelio de Juan (Jn 6,51-58), donde Jesús afirma: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna".

El prelado destacó que Cristo utiliza un lenguaje directo y exigente para expresar la profundidad de su entrega.

"Jesús no suaviza su enseñanza, diciendo 'esto es un bonito símbolo'. Usa un lenguaje crudo porque quiere dejar claro que su entrega es total, física y real. Él no vino a darnos una doctrina; vino a darse a sí mismo", afirmó.

A partir de ello explicó que:

  • Comer su carne significa asumir su estilo de vida.
  • Implica adoptar su opción por los pobres.
  • Significa aprender a perdonar.
  • Supone vivir en obediencia al Padre.
  • Beber su sangre representa la disposición a amar hasta las últimas consecuencias.

Posteriormente definió a la Eucaristía como "el antídoto contra el miedo a la muerte y al sinsentido" y como "la semilla de eternidad plantada en nuestra frágil humanidad".

Tres compromisos para la vida cotidiana

Como síntesis de su mensaje, el obispo propuso a los fieles tres compromisos concretos inspirados en la Palabra de Dios:

  1. Hacer memoria: dedicar un momento de la semana para agradecer a Dios por las Eucaristías vividas.
  2. Construir unidad: buscar la reconciliación con aquellas personas con quienes exista algún distanciamiento.
  3. Vivir con esperanza: recordar que el destino final del ser humano es la Vida Eterna y no la muerte ni el fracaso.

El ejemplo eucarístico del Beato Mamerto Esquiú

La figura del Beato Mamerto Esquiú ocupó un lugar central en la homilía debido al contexto jubilar que vive la diócesis.

Mons. Urbanč recordó que Esquiú aceptó humildemente la decisión de no celebrar la Misa hasta cumplir los 23 años, pese a haber sido ordenado sacerdote a los 22.

"Mamerto aceptó esta disposición con una obediencia heroica y un respeto imponente por el misterio del altar", destacó.

El obispo describió además la profunda espiritualidad eucarística del Beato, señalando que para él tocar el Cuerpo de Cristo nunca fue una rutina, sino una experiencia sagrada que exigía una preparación constante del corazón.

Recordó también que pasaba largas horas de oración frente al Sagrario, de donde obtenía la fortaleza para afrontar críticas, defender la justicia, sostener la fe cristiana y acompañar a los más pobres.

Cuando asumió como Obispo de Córdoba en 1881, explicó Mons. Urbanč, una de sus mayores preocupaciones fue el acompañamiento espiritual del clero. En sus enseñanzas insistía permanentemente en la necesidad de la Eucaristía diaria y de la adoración como fundamento de la vida sacerdotal.

Una oración por la paz, la unidad y los más vulnerables

En otro de los momentos significativos de la celebración, el obispo elevó una extensa oración a la Santísima Virgen del Valle, pidiendo que el Cuerpo y la Sangre de Cristo transformen la vida de los creyentes para que puedan convertirse en instrumentos de amor, paz y misericordia.

La plegaria incluyó una especial intención por quienes sufren, los olvidados, los pobres, los débiles y los marginados, solicitando que los fieles puedan ser presencia concreta de consuelo, servicio y ternura.

Los cantos litúrgicos estuvieron a cargo del Coro de la Catedral, dirigido por el profesor Exequiel Andrada.

La procesión que renovó la fe pública

Tras la comunión, los sacerdotes y los fieles se arrodillaron para adorar al Santísimo Sacramento. Luego comenzó la tradicional procesión de Corpus Christi, considerada la más importante del año, acompañando a Jesús presente en la Sagrada Eucaristía.

Bajo una leve llovizna, la multitud recorrió los alrededores de la plaza 25 de Mayo, acompañando la Custodia con Jesús Sacramentado, llevada en andas por los sacerdotes.

En las cuatro esquinas del principal paseo público de la ciudad fueron instalados monumentos especialmente preparados por:

  • El Movimiento Neocatecumenal.
  • El Movimiento Familiar Cristiano.
  • La Pastoral de la Niñez.
  • La Pastoral de Juventud.

Durante todo el recorrido se elevaron oraciones, súplicas y cantos que acompañaron el paso del Santísimo.

Finalmente, cuando la procesión regresó al atrio de la Catedral Basílica, las campanas comenzaron a sonar mientras la Custodia era colocada nuevamente en el altar. Tras la bendición final con el Santísimo Sacramento en alto, concluyó una celebración que unió devoción, memoria histórica y compromiso cristiano en una de las expresiones públicas de fe más importantes de la Iglesia católica en Catamarca.