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Una panadería de Argentina fue elegida como la mejor del mundo en un ranking británico

La distinción fue otorgada por la publicación británica LUXlife en la primera edición de los Bake and Brew Awards. El negocio, fundado en 1931 y actualmente gestionado por la tercera generación de la familia Rodríguez, protagonizó la portada de la publicación dedicada a los premiados.

15 Septiembre de 2026 08.26

Una panadería tradicional argentina recibió una importante distinción internacional. Artiaga, ubicada en el barrio porteño de Saavedra, fue elegida como Panadería Artesanal Tradicional del Año 2026 por la revista británica LUXlife, en el marco de la primera edición de los Bake and Brew Awards.

El reconocimiento colocó al emprendimiento familiar entre los establecimientos seleccionados por este programa internacional, que busca distinguir a cafeterías, panaderías y productores artesanales de distintos países. Entre los participantes y comercios contemplados por la iniciativa figuran emprendimientos de Reino Unido y Abu Dabi, además de los seleccionados en otras categorías nacionales.

La propuesta de los premios apunta a destacar la creatividad, el oficio y la identidad de los emprendimientos relacionados con el mundo de la panificación y el café. En ese contexto, Artiaga resultó ganadora en la categoría correspondiente a la Argentina y, como parte de la distinción, protagonizó la portada de la publicación dedicada a los premiados.

La elección adquiere una dimensión particular por la trayectoria del negocio: una historia que comenzó en 1931, atravesó distintas etapas y se mantiene actualmente bajo la conducción de la tercera generación de una misma familia.

Los primeros pasos y lo que cambió la historia

La trayectoria de Panadería Artiaga está estrechamente relacionada con la historia de Antonio Rodríguez, un inmigrante español que llegó a la Argentina cuando tenía apenas 13 años. Tres años después de su llegada murió su padre, una circunstancia que lo llevó a asumir el sostén económico de su familia. En sus primeros años trabajó en el campo y posteriormente se trasladó a Buenos Aires, donde comenzaría una etapa decisiva de su vida.

En la ciudad conoció a Alba, quien se convertiría en su esposa y compañera de vida. Juntos atravesaron una etapa de intenso trabajo con un objetivo concreto: reunir los recursos necesarios para poder abrir su propio negocio.

Ambos llegaron a tener hasta tres empleos simultáneamente para reunir el capital que les permitiera concretar ese proyecto. Su primera experiencia empresarial se produjo cuando se asociaron para instalar una panadería en La Boca, cerca del puerto. Sin embargo, el camino que los llevaría a Artiaga comenzó después, cuando conocieron una panadería de barrio que ya funcionaba en otro punto de Buenos Aires.

panaderia argentina
 

Artiaga nació en 1931 y atravesó tres generaciones

En aquel momento, Artiaga era una panadería de barrio que ofrecía productos como pan, galletas y medialunas. La decisión de adquirirla no estuvo exenta de advertencias.

Antonio y Alba recibieron comentarios relacionados con la menor circulación de personas que existía en la zona en comparación con La Boca. A pesar de esas advertencias, decidieron avanzar y comprar el local. La panadería había comenzado sus actividades en 1931 y, con el transcurso de las décadas, fue ampliando su propuesta. A los productos originales se incorporaron pasteles, tartas y chocolates, en un proceso de crecimiento de la oferta que acompañó la continuidad del emprendimiento familiar.

Actualmente, Artiaga está en manos de la tercera generación de la familia Rodríguez, integrada por José Antonio, Juan Manuel y Marisol Alfonso Rodríguez.

El carácter familiar continúa siendo una de las características centrales del negocio, cuya actividad permanece vinculada con los hábitos cotidianos de sus clientes y también con sus distintas celebraciones.

Marisol Alfonso Rodríguez y el trabajo desde los 14 años

Dentro de esta tercera generación, Marisol Alfonso Rodríguez comenzó a trabajar en Artiaga cuando tenía 14 años, durante los fines de semana.

Con el paso del tiempo fue incorporando nuevas responsabilidades. Mientras cursaba una licenciatura en marketing, comenzó a participar en distintas áreas relacionadas con la identidad del emprendimiento y su vínculo con los clientes. Su trabajo incluyó tareas vinculadas con la identidad visual de la marca, el diseño de los locales, los empaques y la comunicación con los clientes.

La evolución de sus responsabilidades refleja también la continuidad generacional de un negocio que no se limitó a mantener una actividad tradicional, sino que fue incorporando nuevas áreas de gestión a partir de las necesidades del emprendimiento.

El oficio detrás de cada producto

La dimensión del trabajo colectivo quedó sintetizada por Marisol en una definición sobre el significado de los productos que salen diariamente de la panadería. "Cada hogaza de pan, cada medialuna y cada panettone representa el trabajo de decenas de personas que se preocupan profundamente por lo que hacemos", afirmó la empresaria.

La frase resume el vínculo entre la elaboración artesanal y la estructura actual de Artiaga, que cuenta con seis décadas más de historia desde aquella primera etapa familiar y que mantiene una actividad sostenida por varias generaciones.

El negocio que comenzó en 1931 con una propuesta centrada en pan, galletas y medialunas fue ampliando con el tiempo su oferta hasta incorporar pasteles, tartas y chocolates, mientras que actualmente continúa funcionando bajo la conducción de integrantes de la familia que inició el recorrido.