Villa Dolores celebró los 11 años de la parroquia Nuestra Señora de la Merced
La celebración incluyó una procesión desde el oratorio Niño Dios de Polcos hasta el templo parroquial y una Santa Misa presidida por el Obispo. Durante la jornada se destacó el crecimiento de la comunidad y el compromiso de sus distintas áreas pastorales.

Con la presencia del obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, el jueves 24 de septiembre se realizó el cierre de las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Merced y la celebración de los 11 años de la creación de la parroquia, con sede en Villa Dolores, departamento Valle Viejo.

La jornada comenzó durante la tarde con una procesión que partió desde el oratorio Niño Dios de Polcos. Desde allí, los fieles recorrieron distintos sectores de la jurisdicción parroquial hasta llegar al templo parroquial, donde se celebró la Santa Misa.

La celebración eucarística fue presidida por Mons. Urbanč y concelebrada por el padre Juan Olmos, párroco del lugar, en un encuentro que reunió a la comunidad en torno a la celebración de su patrona y al aniversario de la creación de la parroquia.

El cierre de las fiestas patronales permitió, de este modo, unir la devoción a Nuestra Señora de la Merced con la valoración del camino recorrido durante estos 11 años como comunidad parroquial.

El mensaje del obispo sobre el camino parroquial

Durante su homilía, Mons. Urbanč invitó a los fieles a mantener un corazón agradecido a Dios por estos 11 años de vida de la parroquia y por el crecimiento experimentado como comunidad.

El Obispo destacó que se trata de un camino que permite consolidar las distintas áreas que conforman una parroquia y señaló especialmente tres dimensiones fundamentales: la Catequesis, la Liturgia y la Caridad.

En su reflexión, explicó que la Catequesis corresponde a la dimensión profética, la Liturgia a la dimensión sacerdotal y la Caridad a la condición de reyes. En ese marco, recordó que cada persona participa del triple ministerio de Jesús como Sacerdote, Profeta y Rey.

 

Según remarcó, estas constituyen las grandes áreas que se trabajan en una comunidad parroquial y desde ellas se desprenden otros servicios. El mensaje estuvo atravesado por el reconocimiento al camino realizado por la comunidad durante estos 11 años y por la importancia de continuar fortaleciendo las distintas dimensiones de la vida parroquial.

La Virgen como Madre y Maestra en la fe

Otro de los ejes de la homilía fue la figura de Nuestra Señora de la Merced, a quien Mons. Urbanč presentó como Madre de toda la humanidad y, de manera particular, de quienes han recibido la gracia del bautismo y, a través de ella, se han constituido en discípulos del Señor.

En este sentido, invitó a la comunidad a tener un corazón agradecido hacia la Virgen por el rol que asumió y por su cercanía con quienes viven la fe. El Obispo afirmó que la Virgen es la discípula por excelencia del Señor y la Maestra en la fe, y destacó su papel para ayudar a profundizar y vivir esa fe.

También señaló que Ella está siempre dispuesta a ayudar antes de que se lo pidan, porque conoce lo que necesitan sus hijos. Desde esa perspectiva, destacó su intercesión y cercanía como acompañamiento para quienes buscan vivir como verdaderos discípulos de Jesús y cumplir la misión recibida el día del bautismo: hacer presente el Reino de Dios en el mundo.

Hacia el final de su reflexión, Mons. Urbanč invitó a los presentes a pedir a la Virgen el aumento de la fe, la esperanza y el amor en cada uno. El deseo expresado fue que la comunidad pudiera renovarse en esas tres dimensiones y convertirse en una comunidad de alegres y generosos discípulos misioneros de Jesús.

El balance del párroco sobre las fiestas patronales

Luego de la Comunión, el padre Juan Olmos agradeció la presencia y cercanía del Obispo. Junto con toda la comunidad, le regalaron un Ave María para pedir a la Virgen de la Merced que lo protegiera, que siguiera siendo misericordioso y que continuara conduciéndolos como padre.

Al referirse al desarrollo de las fiestas patronales, el párroco realizó un balance positivo de las jornadas vividas por la comunidad. Las describió como "días preciosos", durante los cuales pudieron caminar al encuentro con la Palabra y la Eucaristía, además de reencontrarse como comunidad y trabajar en red.

Olmos también destacó una de las acciones desarrolladas durante las celebraciones: el traslado de la imagen de la Virgen a distintos estamentos sociales, donde era esperada por personas que pudieron encontrarse con la Madre.

De esta manera, la celebración patronal no quedó circunscripta al templo, sino que permitió llevar la imagen de Nuestra Señora de la Merced hacia distintos espacios donde la comunidad esperaba su presencia.

Un presente que reunió a todas las comunidades

Como parte del encuentro, el Obispo recibió además un presente confeccionado por los agentes de pastoral, en el que estuvieron representadas todas las comunidades que forman parte de la vida parroquial.

Una representante de la comunidad explicó el significado de cada uno de los elementos incluidos en el obsequio:

  • San Cayetano, representado en el pan.
  • Niño Dios, representado con un pañal.
  • Santa Rosa, representada con una rosa.
  • El Portezuelo, representado con un Rosario.

El presente fue entregado con el deseo de que Mons. Urbanč pueda tener siempre presente a Nuestra Señora de la Merced "con un corazón de niño", según explicó la representante de la comunidad parroquial. El gesto sintetizó la participación de las distintas comunidades en una celebración que tuvo como eje común la devoción a la patrona y el camino compartido durante estos 11 años de vida parroquial.

Canto y bendición para cerrar las fiestas

Como corolario de la celebración, todos los presentes se unieron para alabar a la Santísima Patrona con el canto.

El encuentro concluyó con la bendición final, cerrando así las fiestas patronales en honor de Nuestra Señora de la Merced y la celebración de los 11 años de la creación de la parroquia con sede en Villa Dolores.

La jornada reunió procesión, Eucaristía, reflexión, agradecimientos y expresiones de devoción, en un cierre en el que la comunidad renovó su fe, su esperanza y su compromiso con el camino parroquial, tal como había invitado a vivir Mons. Urbanč durante su homilía.