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El viaje de León XIV cerró con un blooper: se rompió el avión y el rey Felipe le prestó el suyo

Lo que parecía ser el cierre normal del viaje apostólico del Papa a España terminó con una situación inesperada en el aeropuerto de Tenerife Norte. Un problema técnico en el avión de Iberia que debía trasladarlo al Vaticano obligó a reorganizar el operativo y derivó en la intervención directa del monarca español.

La despedida del Papa y el Rey Felipe
La despedida del Papa y el Rey Felipe

12 Junio de 2026 17.48

El viaje apostólico de León XIV a España concluyó con un episodio inesperado que alteró los planes previstos para su regreso al Vaticano y generó una situación poco habitual en medio de un estricto operativo protocolar. Lo que debía ser el último tramo de una gira marcada por encuentros pastorales y celebraciones religiosas terminó transformándose en una escena singular en el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife Norte, donde una falla técnica obligó al pontífice a abandonar el avión que debía trasladarlo a Roma.

Horas antes de ese incidente, León XIV había encabezado una misa en el puerto de Tenerife, donde se despidió de los fieles que participaron de la ceremonia. Convencido de que su viaje estaba llegando a su fin, expresó públicamente su agradecimiento por el recibimiento obtenido durante su estadía en territorio español.

"Regreso a Roma conmovido por el gran afecto con el que me han recibido", manifestó durante la celebración religiosa que marcó el cierre de sus actividades oficiales en España.

Una despedida que tuvo que repetirse

Tras finalizar la misa, el pontífice se trasladó hacia el aeropuerto para abordar el vuelo de Iberia que debía llevarlo de regreso a la capital italiana junto a la delegación vaticana que lo acompañaba.

En la pista del aeropuerto se desarrolló el habitual protocolo de despedida. El rey Felipe VI acompañó personalmente a León XIV hasta el pie de la escalinata del Airbus A320 dispuesto para el traslado. Luego de los saludos correspondientes y de la despedida oficial, el Papa ascendió a la aeronave mientras el monarca daba por concluido el acto.

Sin embargo, pocos minutos después la situación cambió de manera inesperada. Lo que parecía una despedida definitiva se transformó en una escena inusual cuando León XIV debió descender nuevamente del avión debido a un desperfecto técnico detectado en la aeronave.

La imagen sorprendió a quienes seguían el operativo en la pista. Felipe VI tuvo que regresar para recibir nuevamente al pontífice y acompañarlo una vez más por la escalinata que acababa de subir.

papa leon rey felipe
León XIV y el Rey Felipe

El comunicado oficial de Iberia

La compañía aérea confirmó posteriormente que la aeronave presentaba un inconveniente técnico que impedía realizar el vuelo programado.

"Iberia informa de que el avión en el que León XIV y la delegación vaticana iban a desplazarse a Roma ha sufrido un problema técnico que no puede ser reparado inmediatamente", indicó la empresa mediante un comunicado oficial. Mientras tanto, dentro de la aeronave permanecían los periodistas que integraban la comitiva papal. Muchos de ellos llevaban cerca de dos horas aguardando la llegada del pontífice, quien habitualmente es el último pasajero en embarcar durante este tipo de desplazamientos.

Según las previsiones iniciales, una vez iniciado el vuelo León XIV iba a compartir el almuerzo y posteriormente mantener un intercambio con los medios de comunicación durante las más de cuatro horas que demandaría el trayecto hasta Italia.

Nada de eso pudo concretarse debido al desperfecto que obligó a suspender momentáneamente la partida.

Los rumores sobre la avería

Tras el descenso del pontífice, también abandonaron el avión varios integrantes de la delegación vaticana, entre ellos el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin.

Mientras los pasajeros aguardaban novedades, el comandante de la aeronave brindó información sobre la situación.

"El equipo de mantenimiento está tratando de resolver la avería pero va a tardar bastante tiempo hasta que esté totalmente solucionada", explicó a los periodistas que permanecían dentro del avión. Aunque el comunicado oficial no precisó detalles técnicos, comenzaron a circular versiones que atribuían el problema a un motor que no lograba ponerse en funcionamiento.

Según esos rumores, las intensas ráfagas de viento que afectaban a la isla de Tenerife durante la tarde del viernes habrían contribuido a agravar la situación.

La solución llegó desde la Casa Real

Inicialmente se informó que Iberia enviaría una nueva aeronave desde Madrid para completar el traslado.

"Se envía un nuevo avión desde Madrid para realizar el viaje en el día de hoy", comunicó oficialmente la compañía. Sin embargo, el operativo demandaría varias horas adicionales y obligaría al pontífice a prolongar su permanencia en Tenerife.

Frente a ese escenario surgió una solución inmediata impulsada por la Casa Real española. Con rapidez, Felipe VI ofreció al Papa utilizar el Falcon militar de la Corona, la misma aeronave en la que el monarca había viajado ese viernes hacia Canarias.

La propuesta permitió reorganizar el regreso sin necesidad de esperar la llegada del nuevo avión procedente de Madrid.

El regreso definitivo a Roma

Casi dos horas después del incidente inicial, el protocolo de despedida volvió a repetirse. La alfombra roja desplegada en la pista para honrar la presencia de León XIV fue nuevamente escenario de los saludos oficiales. El rey y el pontífice recorrieron otra vez el trayecto que ya habían realizado anteriormente y reprodujeron los gestos protocolares previstos para la despedida.

Finalmente, León XIV abordó el Falcon militar cedido por la Corona española y pudo emprender su regreso a Roma.

De esta manera concluyó un viaje apostólico que estuvo marcado por el afecto recibido durante su paso por España, pero que terminó dejando una anécdota inesperada. Un problema técnico, una despedida repetida y la intervención directa del rey Felipe VI transformaron las últimas horas de la visita en un episodio singular que difícilmente pase inadvertido dentro de la agenda de un pontífice acostumbrado a recorrer el mundo.