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"La Esperanza", el nuevo cementerio para sepultar a las víctimas del terremoto en Venezuela

La improvisada necrópolis fue construida en las faldas del cerro Ávila, en Catia La Mar, con capacidad para 2.000 ataúdes. A doce días del doble sismo, las cifras de fallecidos, heridos y damnificados continúan en aumento mientras los cementerios existentes permanecen colapsados.

La Esperanzita
La Esperanzita

8 Julio de 2026 08.10

El impacto del doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio continúa dejando huellas profundas en las zonas afectadas. A doce días del desastre, el régimen chavista decidió construir una nueva necrópolis denominada "La Esperanza", un espacio destinado a albergar a las víctimas fatales de una de las mayores catástrofes sísmicas registradas en el país en más de un siglo.

El nuevo cementerio se encuentra ubicado en las faldas del cerro Ávila, en Catia La Mar, en el estado La Guaira, y fue diseñado con capacidad para 2.000 ataúdes. La decisión de levantar este camposanto respondió al colapso de los cementerios existentes y al incremento constante del número de fallecidos provocado por el movimiento telúrico.

Las imágenes aéreas tomadas mediante un dron muestran una sucesión de terrazas en las que las tumbas aparecen alineadas una tras otra, formando largas filas sobre la ladera de la montaña. Según la información disponible, no se observan fosas comunes, sino sectores organizados donde fueron dispuestas las sepulturas.

Un sismo de magnitud histórica

El doble terremoto del 24 de junio afectó principalmente a La Guaira y Caracas, alcanzando intensidades de 7,2 y 7,5 grados de magnitud, niveles que, de acuerdo con la información difundida, no se registraban desde hacía 126 años. El antecedente mencionado corresponde al terremoto ocurrido en 1900, considerado el de mayor intensidad en la historia del país, con 7,7 grados.

Las consecuencias materiales del fenómeno fueron de gran magnitud. El movimiento sísmico provocó el derrumbe total de más de 189 edificios, mientras que alrededor de 850 residencias permanecieron en pie, aunque con importantes fracturas y daños estructurales en las zonas afectadas.

Fue precisamente este escenario el que llevó a las autoridades a habilitar un nuevo espacio para las inhumaciones, debido a que los cementerios tradicionales ya no contaban con capacidad para recibir la creciente cantidad de víctimas.

Cifras que continúan en aumento

El balance difundido por el municipio de Caracas hasta la noche del último reporte reflejaba un panorama de enorme gravedad. Los datos oficiales consignaban:

  • 3.535 personas fallecidas.
  • 16.740 personas heridas.
  • 17.854 damnificados.

El informe también señalaba que, al cierre de cada jornada, las cifras continuaban aumentando, manteniendo una tendencia ascendente conforme avanzaban las tareas de búsqueda, identificación de víctimas y actualización de los registros.

La evolución constante de estos números refleja la magnitud de una tragedia cuyos efectos continúan desarrollándose varios días después del terremoto.

Cementerios colapsados 

El texto señala que, durante los últimos 27 años, el régimen chavista no construyó nuevas cárceles ni cementerios, pese a que, según la publicación, el indicador de fallecimientos violentos ha formado parte de la historia reciente del país. Tras el terremoto del 24 de junio, esta situación quedó expuesta con el colapso de los principales cementerios utilizados en Caracas y sus alrededores.

Entre ellos se mencionan el Cementerio General del Sur y el Cementerio de La Guairita. Ambos camposantos dejaron de contar con espacio suficiente para recibir la cantidad de ataúdes solicitados tras la emergencia, circunstancia que derivó en la construcción de La Esperanza.

Historias personales en medio del duelo

Mientras avanzan los entierros, los cementerios se transformaron en escenarios de despedidas marcadas por el dolor. Sobre algunas tumbas quedaron escritas frases que reflejan el vínculo de los familiares con quienes perdieron la vida. Entre los mensajes registrados aparecen expresiones como:

  • "Mi príncipe".
  • "Mi amada".
  • "El amor de mi vida".

Estas dedicatorias fueron colocadas por familiares de tres personas fallecidas como un último gesto antes de cerrar un capítulo atravesado por la tragedia y la incertidumbre. También quedaron registrados otros mensajes de despedida. En la tumba de Génesis Montes, sus familiares escribieron: "Te amamos x siempre".

En el caso de Jorge Montes, la inscripción elegida fue: "Eres el mío". Para Jesús Vásquez, en cambio, sus allegados no encontraron palabras para acompañar la despedida, según publicó El Nacional.

Once días de búsqueda para encontrar a un hijo

Entre quienes acudieron al Cementerio General del Sur se encontraba José Rosal, padre del exjugador de baloncesto Eduardo Rosal, quien relató el proceso de búsqueda de su hijo entre los escombros durante once días. "Hemos luchado muy duro durante 11 días para recuperar a mi hijo. Con las manos, con picos, con palas. Alquilamos una grúa para que nos ayudara a levantar las paredes. Por allí pasaron rescatistas salvadoreños, mexicanos, checos, pero dijeron que no podían hacer nada", expresó.

Durante el recuerdo de su hijo, Rosal destacó que Eduardo era un apasionado del deporte y de la música. Según relató, el joven, que superaba los dos metros de altura, entrenaba a jóvenes talentos deportivos y además trabajaba como DJ de salsa en Caracas.

"Era experto en salsa dura, de la vieja. No sé de dónde la sacaba", recordó su padre mientras se preparaba la sepultura.

El costo de despedir a las víctimas

La tragedia también expuso las dificultades económicas que enfrentan numerosas familias para trasladar los cuerpos de sus seres queridos hacia sus lugares de origen. Una familia procedente del estado Mérida explicó que necesitaba trasladar tres fallecidos hasta El Vigía, en un recorrido aproximado de 700 kilómetros.

Según relataron, el servicio funerario fijó un costo de 1.200 dólares por cada traslado, una cifra que representaba un obstáculo imposible de afrontar para los familiares.

Finalmente, gracias a la solidaridad de uno de los conductores, el viaje pudo concretarse por 1.300 dólares, permitiendo el traslado de los fallecidos pese a las limitaciones económicas de la familia.

Mientras continúan las tareas de identificación, rescate y asistencia a los damnificados, La Esperanza se convirtió en el nuevo símbolo de una tragedia que sigue dejando consecuencias humanas y materiales. Con capacidad para 2.000 ataúdes, el cementerio levantado en las faldas del cerro Ávila refleja la magnitud del desastre provocado por el doble terremoto del 24 de junio, en un contexto donde el número de víctimas continúa creciendo y los cementerios tradicionales ya no alcanzan para responder a la emergencia.