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A 50 años del golpe, la Iglesia ratificó el "Nunca más" y alertó sobre el autoritarismo

En un documento por el 24 de Marzo, el Episcopado ratificó la condena al terrorismo de Estado y planteó una crítica transversal al clima político actual. Sin confrontar directamente con el Gobierno, llamó a reconstruir la fraternidad social y advirtió sobre el avance del autoritarismo y la violencia discursiva.

19 Marzo de 2026 09.48

A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la Conferencia Episcopal Argentina eligió una fórmula de fuerte contenido simbólico para fijar su posición: "Nunca más" a la violencia de la dictadura y "siempre más" a una democracia justa. Lejos de tratarse de una consigna aislada, el documento constituye un encuadre político deliberado que combina memoria histórica con una lectura crítica del presente.

El texto, difundido por la Comisión Permanente del Episcopado, evita el señalamiento directo al gobierno de Javier Milei, pero despliega una mirada transversal sobre el estado actual de la política argentina. En ese diagnóstico aparecen como ejes centrales la degradación del debate público, la polarización y la exclusión social, en un contexto que describen como de creciente fragilidad del tejido comunitario.

El aniversario número 50 del último régimen militar encuentra a la Argentina atravesada por una discusión abierta sobre la memoria histórica. En ese escenario, la Iglesia opta por un posicionamiento institucional que no se inscribe en la confrontación directa, pero sí fija coordenadas normativas sobre cómo pensar el pasado y, sobre todo, cómo transitar el presente.

La memoria como punto de partida

El documento inicia con una definición categórica del período 1976-1983, al que describe como "una oscura noche" atravesada por el terrorismo de Estado. La condena es explícita y sin ambigüedades:

"Nunca más" a la violencia de la dictadura

"Siempre más" a una democracia justa

Además, se reconoce "la gravedad de lo acontecido" y se afirma que "la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella". Este reconocimiento introduce un elemento central: la memoria no es solo evocación, sino también revisión crítica.

Uno de los conceptos más relevantes que emerge del texto es el de "memoria íntegra y luminosa", tomado del magisterio del papa Francisco. Bajo esta idea, la Iglesia advierte sobre los riesgos de "mutilar la historia" y sostiene que no es posible avanzar sin una memoria completa que permita comprender la complejidad del pasado.

En ese sentido, el documento insiste en:

Mantener viva la conciencia colectiva

Testificar a las generaciones futuras el horror vivido

Evitar simplificaciones en la interpretación histórica

Sin embargo, este ejercicio no se agota en el pasado. Por el contrario, se proyecta como herramienta para intervenir en el presente.

La agenda social: una democracia que incluya

En el apartado titulado "Queremos ser Nación", el Episcopado introduce una agenda social concreta. Allí sostiene que la democracia debe orientarse al bien común y al desarrollo humano integral, y advierte que el sistema se debilita cuando deja sectores afuera.

El diagnóstico es claro: "La democracia se envilece cuando deja a alguien afuera".

A partir de esa premisa, el documento enumera problemáticas que configuran el escenario actual: pobreza estructural, deterioro del trabajo y vulnerabilidad de niños y jóvenes.

Estas variables son presentadas como indicadores de una democracia que no logra integrar plenamente a su población. Sin individualizar responsabilidades, la Iglesia expone el resultado: un sistema político que no consigue dar respuestas sostenidas.

En este punto, el mensaje se distancia de una visión meramente procedimental de la democracia y la redefine como una herramienta para garantizar condiciones de vida dignas.

Autoritarismo y polarización

Uno de los núcleos más fuertes del documento aparece en su análisis del clima político. Allí se formula una caracterización que sintetiza la mirada de la Iglesia sobre el presente: "Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena".

La definición agrega otro elemento clave: "Predomina una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil", en contraste con lo que debería ser la fortaleza de la democracia: el cuidado de los más frágiles.

Se trata de una crítica estructural que no apunta a actores específicos, sino a una dinámica general del sistema político.

La violencia del lenguaje y el deterioro del debate

El documento profundiza su análisis al abordar el lenguaje político y social. Allí introduce uno de sus llamados más directos: "No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios y en el Congreso de la Nación".

En este apartado, la Iglesia advierte sobre formas de violencia menos visibles pero igualmente corrosivas: el insulto sistemático al que piensa distinto, la descalificación permanente del adversario, la construcción de identidades políticas basadas en la confrontación.

Además, plantea que la espiral de violencia comienza en el discurso y puede escalar hacia la acción, por lo que llama a "volver a elegir el diálogo" como herramienta central para resolver conflictos.

Estado, democracia y el sentido del "Nunca más"

Otro punto relevante es la defensa del rol del Estado. El documento sostiene la necesidad de una "presencia inteligente y eficiente" que garantice la dignidad de las personas, marcando un criterio claro: sin Estado no hay garantía efectiva de derechos.

En el cierre, la consigna del "Nunca más" adquiere un nuevo significado. Ya no se limita al pasado, sino que se convierte en un principio operativo para el presente:

La democracia prohíbe eliminar al adversario

No admite el derramamiento de sangre

Sustituye la confrontación física por el debate cívico

Una intervención que interpela el presente

El mensaje de la Iglesia se ubica en un punto de equilibrio: no confronta directamente con el Gobierno ni se alinea con posiciones partidarias, pero construye una crítica profunda al estado de la política argentina.

A 50 años del golpe, el Episcopado decide no quedar atrapado en la discusión sobre el pasado. Utiliza la memoria como plataforma para interpelar el presente y advertir sobre los riesgos que enfrenta la democracia.

La conclusión es clara: la democracia no se sostiene solo con memoria, sino con justicia, inclusión y convivencia. En un contexto de polarización y fragmentación, el documento plantea que el verdadero desafío no está en el pasado, sino en la capacidad de reconstruir un proyecto común en el presente.