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La jefa del bloque libertario cerró el debate en la Cámara Alta

Reforma Laboral: Bullrich celebra el fin de la "casta" y los planes sociales

La exministra de Seguridad defendió la modernización del empleo tras la sanción en el Senado. Denunció una "estafa moral" de gobiernos anteriores y aseguró que los ciudadanos se liberaron de la intermediación.

28 Febrero de 2026 09.14

En una jornada histórica para la administración de Javier Milei, la Cámara de Senadores culminó el debate que convirtió en ley la Reforma Laboral. El cierre de la sesión estuvo marcado por el enérgico discurso de Patricia Bullrich, quien, consolidada como la defensora de la bandera libertaria en la Cámara Alta, dio respuesta a las críticas de la oposición, particularmente al duro discurso previo del peronista José Mayans. Con una narrativa centrada en el quiebre de los modelos asistencialistas, la senadora insistió en que la "Ley de Modernización Laboral" es la respuesta necesaria ante un cuadro de deterioro nacional que lleva 15 años sin generar empleo genuino, remarcando que los derechos de los trabajadores no deben ser propiedad de una casta.

Para Bullrich, la sanción de esta norma representa mucho más que un cambio técnico en las regulaciones; es, en sus palabras, una victoria sobre un sistema de explotación. La legisladora fue contundente al afirmar que el actual gobierno demostró que la mejor política social no reside en la entrega de un subsidio o plan, sino en la generación de condiciones para que haya posibilidades de inversión y de trabajo. En su visión, esta es la primera oportunidad que el país no puede perder, dejando atrás los esquemas que defendieron durante años millones de planes sociales para tener a la gente como ganado, lo cual no representa justicia social sino una privación de la libertad.

El fin de la "esclavitud" y la intermediación social

Uno de los ejes centrales del discurso de cierre fue la disección de lo que Bullrich denominó como la estructura de los "gerentes de la pobreza". La jefa del bloque oficialista planteó una serie de interrogantes críticos sobre la naturaleza de la precarización que sufrían quienes recibían asistencia estatal, señalando que el beneficiario de un plan no contaba con jubilación ni seguros de riesgos de trabajo, quedando a merced de un intermediario. Según su análisis, el ciudadano se encontraba en una situación de explotación por parte de aquel que decía otorgarle beneficios, comparando esta dinámica con una forma de esclavitud de la que el individuo finalmente logró despertar para mandar a la mierda a quienes lo controlaban.

La senadora reflexionó sobre el proceso de liberación de estos sectores, asegurando que cuando el Gobierno terminó con la intermediación de las organizaciones sociales, la dinámica de la protesta callejera cambió de manera drástica. Bullrich destacó que, al liberarse de esa presión, la gente dejó de asistir a los cortes de tránsito en el centro de la ciudad. Asimismo, observó que ya no se percibe la presencia de mujeres con niños en las manifestaciones, ya que los ciudadanos han comprendido que eran utilizados. Para la legisladora, el hecho de que las personas se queden en sus hogares haciendo su vida y enviando a sus hijos a la escuela es la prueba fehaciente de que han roto las cadenas de los gerentes de la pobreza.

Un cambio de paradigma y el fin de la estafa moral

Bullrich utilizó su intervención para marcar una distancia abismal con los gobiernos anteriores, muchos de los cuales forman parte de la oposición actual, a los que acusó de haber provocado una "estafa moral" al enviar a miles de ciudadanos a la informalidad en nombre de la defensa de los trabajadores. En este contexto, la Reforma Laboral se presenta como una herramienta para corregir ese rumbo y otorgar previsibilidad tanto a las empresas como a los empleados, enviando señales claras de que Argentina quiere volver a crecer tras una década y media de estancamiento.

Respecto al panorama sindical y las medidas de fuerza, la legisladora fue sumamente crítica con la dirigencia tradicional y la práctica de los paros generales. Sostuvo que, mientras en el resto del mundo estas medidas de fuerza ya no existen, en Argentina parecen ser un juego permanente donde todos los dirigentes se encolumnan de forma automática. Al hacer referencia al cambio en la visión sobre cómo regular el mundo laboral, Bullrich cuestionó que anteriormente se utilizara el nombre de los trabajadores para condenarlos a la precariedad. Su discurso finalizó con una fuerte apuesta a la autonomía individual, asegurando que hoy los trabajadores quieren desempeñarse con más libertad y que sus derechos ya no deben pertenecer a un grupo privilegiado o casta dirigente.

La nueva fisonomía de la protesta y el crecimiento

Hacia el final de su alocución, la exministra de Seguridad minimizó la representatividad de las movilizaciones actuales, señalando que hoy solo asisten a las protestas algunos grupos específicos vinculados al kirchnerismo, la izquierda o sectores antifascistas. El resto de la sociedad, según su diagnóstico, ha optado por desvincularse de los "gerentes de la pobreza" para priorizar su vida cotidiana y la educación de sus hijos. Esta transformación en la fisonomía de la calle es, para Bullrich, el resultado de haber quitado el poder de intermediación que permitía explotar al más vulnerable.

En definitiva, la defensa de la modernización laboral por parte de Patricia Bullrich se cimentó en la idea de recuperar la dignidad a través del empleo genuino. La legisladora concluyó que la ley recién sancionada es el punto de partida para que Argentina abandone el ciclo de estancamiento que la persigue desde hace 15 años. Al reivindicar que la gestión de Javier Milei ha priorizado la inversión por sobre el asistencialismo, Bullrich cerró una de las sesiones más significativas para el oficialismo, ratificando que el camino hacia el crecimiento requiere, necesariamente, que los trabajadores recuperen su libertad frente a las estructuras de control social.