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Entrevista en 2005

Videla frente a frente: las confesiones del dictador a Vanessa Cerone

A cinco décadas del golpe, la periodista que accedió a la intimidad del represor revela la frialdad de sus palabras y la confirmación del destino de los desaparecidos.

24 Marzo de 2026 13.07

El ejercicio de la memoria histórica en la Argentina no es solo una fecha en el calendario; es un proceso de reconstrucción constante que se nutre de testimonios, investigaciones y, en ocasiones, de encuentros cara a cara con el horror. En el marco de un nuevo aniversario del 24 de marzo, cobra especial relevancia el relato de la periodista Vanessa Cerone, autora del libro 'Cita con Videla', quien logró lo que pocos: ingresar al domicilio de la calle Cabildo en 2005 para entrevistar a Jorge Rafael Videla mientras este cumplía prisión domiciliaria. Aquellas charlas, mantenidas en un ambiente de aparente cotidianeidad doméstica, desnudaron la psicología de quien lideró el proceso más oscuro del país.

El acceso al hermetismo: una carta y un timbre

La historia de estas entrevistas comenzó con un acto de audacia periodística pura. Cerone, por entonces una joven estudiante de periodismo, se presentó en el edificio del dictador y tocó el timbre. La respuesta inicial fue una negativa tajante; Videla afirmó a través del intercomunicador que no concedía entrevistas de ningún tipo. Sin embargo, la persistencia se materializó en una carta que la periodista dejó en el lugar, apelando a la posibilidad de un registro histórico. Tiempo después, el escenario cambió de forma inesperada cuando el militar llamó personalmente a la casa de Cerone y accedió a recibirla para responder sus preguntas.

No obstante, el acceso al testimonio estuvo condicionado por reglas estrictas que buscaban mantener el control total sobre su imagen y registro. Videla impuso una prohibición absoluta de tomar fotografías y una restricción total de grabaciones de audio o video, permitiendo únicamente el uso de un anotador manual para registrar los puntos más relevantes de sus respuestas. Esta limitación técnica obligó a la periodista a agudizar su observación, captando detalles que ninguna lente podría registrar con la misma intensidad.

La frialdad del mando y la ausencia de arrepentimiento

Durante los encuentros, en los que Videla siempre estuvo acompañado por su esposa Alicia, Cerone se enfrentó a una personalidad marcada por la rigidez militar y una "mirada impenetrable" que, según sus palabras, infundía miedo por su dureza. En estas charlas, el dictador intentó construir una narrativa de obligatoriedad sobre sus actos, despojándose de ambiciones civiles o políticas. Le confesó a la periodista que él nunca quiso ser presidente ni abandonar su cargo estrictamente militar, argumentando que le tocó asumir la primera magistura a pesar de no haber hecho política jamás.

Bajo la premisa de que sus convicciones siempre fueron "cumplir con su deber", Videla no mostró en ningún momento signos de arrepentimiento. Por el contrario, recurrió sistemáticamente al eufemismo de los "excesos" para intentar justificar el accionar represivo del Estado, admitiendo únicamente que hubo subordinados o personas que, durante el proceso, cometieron lo que él calificó fríamente como "errores". Esta postura defensiva y exculpatoria fue una constante en cada una de las sesiones de entrevista en su departamento.

La revelación sobre los desaparecidos y el rol de las Madres

Uno de los puntos más oscuros y directos de la entrevista fue la admisión de la naturaleza del plan de exterminio. Cerone detalló que la frase que más la impactó, por su crudeza y falta de humanidad, fue cuando Videla admitió sin rodeos que "los desaparecidos en realidad son muertos". Esta declaración no solo confirmó el destino final de las víctimas, sino que se complementó con una visión profundamente despectiva hacia los movimientos que buscaban justicia por esos crímenes.

Respecto a las organizaciones de derechos humanos, Videla marcó una distinción tajante basada en su propia lógica de confrontación. Describió a las Madres de Plaza de Mayo como personas que utilizaron el dolor de perder a un familiar para hacer política, una acusación que intentaba deslegitimar décadas de lucha. En contraste, sobre las Abuelas de Plaza de Mayo afirmó que haría lo que pudiera para brindarles una respuesta, aunque manteniendo siempre la distancia ideológica que caracterizó su discurso hasta el final de sus días.

Un país en marcha por la Memoria, la Verdad y la Justicia

Mientras estos testimonios reemergen para recordar la naturaleza de la última dictadura, la sociedad civil se moviliza masivamente a 50 años del golpe militar. Como cada 24 de marzo, organizaciones de derechos humanos, agrupaciones políticas y movimientos sociales convergen en la Plaza de Mayo en conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. La logística de la jornada refleja una organización minuciosa, con concentraciones regionales definidas en estaciones de tren y accesos estratégicos del conurbano bonaerense para facilitar el traslado de los grupos hacia la Capital Federal.

Las columnas de manifestantes tienen previsto iniciar sus recorridos mayoritariamente entre las 12:00 y las 13:00, permitiendo que las columnas que parten desde la zona de la Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo comiencen su despliegue a partir de las 14:00. Todo este flujo humano tiene como objetivo el acto central programado para las 16:00, donde se reafirmará una vez más el compromiso nacional con la democracia. El contraste entre la frialdad de las palabras de Videla en la intimidad de su retiro y el clamor colectivo en las calles subraya la importancia de mantener viva la narrativa de lo ocurrido para asegurar que el horror no encuentre grietas por donde regresar.