Los recientes terremotos registrados en Venezuela, donde se produjo un denominado "doblete sísmico", reavivaron la preocupación por el riesgo de movimientos telúricos en América Latina y llevaron nuevamente la atención hacia la realidad geológica de Argentina. La posibilidad de episodios de gran magnitud volvió a instalar interrogantes acerca de cuáles son las regiones del país con mayor exposición y qué herramientas existen para reducir el impacto de futuros eventos.
En ese contexto, el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) cuenta con un mapa nacional de peligrosidad sísmica, actualizado en 2022 luego de cuatro décadas, que establece cómo se distribuye el riesgo en el territorio argentino. La actualización incorporó nuevas tecnologías y datos obtenidos mediante sistemas de monitoreo, permitiendo una caracterización más precisa de las zonas donde la amenaza de terremotos es mayor.
El conocimiento de esa información resulta fundamental para la planificación urbana, la elaboración de normas de construcción y la implementación de medidas destinadas a proteger a la población frente a futuros sismos.
Cómo se distribuye el peligro sísmico en Argentina
Según explicó Alejandro Giuliano, exdirector del INPRES, el territorio argentino se encuentra dividido en cinco zonas sísmicas, clasificadas desde la zona cero hasta la zona cuatro, de acuerdo con el nivel de actividad sísmica registrado. Cada categoría representa un grado creciente de peligrosidad, desde áreas con riesgo muy reducido hasta regiones donde pueden producirse terremotos de mayor intensidad.
El especialista indicó que los sismos registrados en Argentina tienen su origen en fallas geológicas ubicadas dentro de la Placa Sudamericana, estructura tectónica que abarca todo el continente sudamericano y se extiende hasta la Dorsal Mesoatlántica, ubicada en el océano Atlántico.
La mayor concentración de actividad sísmica se localiza en la región cordillerana limítrofe con Chile, una zona caracterizada por una intensa fracturación geológica. Allí se producen la mayoría de los terremotos fuertes, especialmente en el centro-oeste del país. A medida que se avanza hacia el este, la actividad disminuye progresivamente, lo que explica las diferencias de peligrosidad entre las distintas provincias.

Las provincias con mayor nivel de amenaza
La actualización realizada por el INPRES a fines de 2022 determinó que la franja de mayor peligrosidad sísmica corresponde al sur de San Juan y al norte de Mendoza, incluyendo las capitales provinciales de ambas jurisdicciones. Esa clasificación surge de mediciones efectuadas mediante sismógrafos y acelerógrafos instalados en distintos puntos estratégicos del país.
En el nivel inmediatamente inferior, correspondiente a la zona 3, se ubican:
- Centro de Mendoza.
- Norte y este de San Juan.
- Oeste de La Rioja.
- Una franja del noroeste de San Luis.
Por su parte, la zona de peligro moderado (zona 2) comprende un territorio mucho más amplio que incluye:
- Norte de Salta.
- Jujuy.
- La totalidad de Tucumán.
- Catamarca.
- Oeste de Córdoba.
- Noreste de Chubut.
- Parte de Tierra del Fuego.
El corredor de peligrosidad reducida está integrado por:
- Centro y norte de Tierra del Fuego.
- Sur de San Luis.
- Sur de Mendoza.
- Oeste de La Pampa.
Finalmente, el nivel considerado de riesgo muy reducido comprende:
- Buenos Aires.
- Entre Ríos.
- Corrientes.
- Misiones.
- Gran parte de Formosa.
- Gran parte de Chaco.
- Gran parte de Santa Fe.
Sin embargo, el nuevo mapa incorpora un dato de especial relevancia: ya no existen zonas de riesgo nulo. La información recopilada entre 1471 y 2019 demuestra que todas las provincias argentinas presentan algún grado de amenaza sísmica, incluso aquellas alejadas de la Cordillera de los Andes.
Cómo se originan los terremotos
La explicación del fenómeno tiene su base en el movimiento permanente de las placas tectónicas que conforman el planeta. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), un terremoto ocurre cuando dos grandes bloques de la corteza terrestre se deslizan bruscamente uno junto al otro a través de una falla geológica.
El punto donde se inicia ese desplazamiento debajo de la superficie recibe el nombre de hipocentro, mientras que el lugar ubicado directamente sobre él, en la superficie terrestre, se denomina epicentro.
El INPRES define a una falla como una fractura o un sistema de fracturas en la corteza terrestre donde bloques de roca se desplazaron entre sí, ya sea en sentido vertical u horizontal. Cuando la tensión acumulada supera determinado límite, la energía se libera de forma repentina y genera un terremoto de magnitud significativa.
Las denominadas fallas activas son aquellas que registraron movimientos en tiempos recientes y suelen estar asociadas con los terremotos más importantes.
Los antecedentes históricos que marcaron al país
Los documentos técnicos elaborados por el INPRES indican que los terremotos más destructivos registrados en Argentina afectaron principalmente al centro-oeste del territorio nacional.
Entre los antecedentes más relevantes figura el terremoto de Mendoza de 1861, que destruyó la ciudad y provocó miles de víctimas. Otro episodio histórico fue el terremoto de San Juan de 1944, considerado la mayor tragedia sísmica registrada en el país debido a la cantidad de personas fallecidas, estimada en alrededor de 10.000.
El organismo también identificó diversos tipos de fallas geológicas activas, particularmente en la provincia de San Juan, escenario de varios de los principales terremotos históricos del país.
La información sobre la profundidad de esas fallas, su capacidad para generar movimientos y la intensidad máxima que pueden alcanzar constituye una herramienta central para definir los criterios de construcción y las medidas de seguridad que deben aplicarse en las regiones de mayor peligrosidad.
El fenómeno del doblete sísmico y su antecedente argentino
El denominado doblete sísmico registrado recientemente en Venezuela despertó una pregunta inevitable: si un fenómeno de esas características podría repetirse en Argentina.
El geólogo Andrés Folguera, profesor de la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET, explicó que estas secuencias ocurren cuando un primer terremoto modifica las tensiones existentes en una región y activa una falla geológica cercana. La principal diferencia respecto de una réplica es que el doblete está compuesto por dos terremotos principales de magnitudes comparables, capaces de generar daños importantes de manera independiente.
Según recordó Giuliano, Argentina ya registró un episodio de estas características durante el terremoto de San Juan de 1977, cuando dos sismos ocurrieron separados por aproximadamente 30 segundos. Ese antecedente confirma que el fenómeno es posible dentro del contexto geológico argentino.
La prevención como principal herramienta
El INPRES sostiene que, si bien no es posible pronosticar con exactitud cuándo ocurrirá un terremoto, el conocimiento acumulado sobre las zonas sísmicas y la actualización permanente de los mapas de peligrosidad constituyen herramientas fundamentales para mejorar la prevención y la preparación frente a emergencias.
El organismo también destaca la importancia de la normativa de construcción sismorresistente y del papel del Estado en la regulación de las edificaciones públicas y privadas para disminuir las consecuencias de futuros terremotos.
La experiencia reciente en Venezuela también dejó una enseñanza adicional. En presencia de un doblete sísmico, la infraestructura puede sufrir un primer impacto que debilite edificios y servicios, mientras que un segundo evento, ocurrido pocos segundos después, puede provocar nuevos colapsos y agravar los daños. Tal como explicó Folguera, la clave de estos fenómenos reside en la rápida acumulación de energía y en la cercanía temporal y espacial entre ambos movimientos.
La historia sísmica argentina muestra que los terremotos destructivos se concentran principalmente en el noroeste y el centro-oeste, donde la interacción entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana genera esfuerzos tectónicos capaces de activar fallas profundas y superficiales.
Aunque la probabilidad de que ocurra un doblete sísmico sea considerada baja en términos generales, tanto el antecedente registrado en San Juan como los recientes episodios internacionales refuerzan la necesidad de mantener el monitoreo permanente, actualizar los datos sismológicos y fortalecer la educación de la población sobre los riesgos y las medidas de autoprotección frente a futuros eventos.