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Dos de cada tres alumnos de 11 años usan redes sociales todos los días: el impacto en la lectura

La última prueba Aprender incorporó un cuestionario sobre lectura y uso de dispositivos digitales entre estudiantes de sexto grado. Los resultados muestran que las redes sociales son la actividad más frecuente fuera de la escuela y evidencian diferencias en los hábitos lectores según el uso de plataformas digitales y la disponibilidad de libros en los hogares.

31 Julio de 2026 08.22

La creciente presencia de las redes sociales en la vida cotidiana de niños y adolescentes continúa siendo motivo de análisis en distintos ámbitos. Mientras en diversos países se multiplican los estudios que advierten sobre sus posibles efectos en la salud mental de los menores, la Secretaría de Educación decidió incorporar esa temática a la última edición de la prueba Aprender, con el propósito de conocer cómo se vinculan el uso de dispositivos digitales y los hábitos de lectura entre los estudiantes argentinos.

La evaluación, aplicada a todos los alumnos de sexto grado del país, incluyó, además de las tradicionales pruebas de Lengua y Matemática, un cuestionario específico sobre las prácticas de lectura dentro y fuera del ámbito escolar y sobre el uso cotidiano de distintas tecnologías.

Las respuestas de los estudiantes, en su mayoría de 11 años —aunque algunos aún tienen 10—, permitieron establecer una radiografía de sus consumos culturales y de sus hábitos diarios, revelando datos que muestran el peso que han adquirido las plataformas digitales en esa etapa de la infancia.

Las redes sociales

Uno de los datos más relevantes del informe indica que las redes sociales constituyen actualmente la principal actividad que realizan los alumnos cuando no están en la escuela. Los resultados muestran que dos de cada tres estudiantes (66,2%) utilizan redes sociales todos los días, mientras que otro 16,3% lo hace muchas veces por semana.

En términos generales, el estudio concluye que el 82,5% de los chicos de 11 años utiliza estas plataformas con mucha frecuencia, lo que equivale a más de ocho de cada diez alumnos.

Después del uso de redes sociales, la actividad más habitual fuera del horario escolar es la utilización de videojuegos, mientras que en tercer lugar aparecen las actividades al aire libre y los deportes. La lectura de libros o historietas ocupa una posición menos frecuente dentro de las actividades habituales de los estudiantes.

Los alumnos que no usan redes sociales leen más

El cruce de los datos recogidos por la prueba Aprender permitió identificar diferencias entre los hábitos lectores de quienes utilizan redes sociales y quienes no lo hacen.

Entre los alumnos que no usan redes sociales, el 20,4% afirmó leer libros todos los días y otro 13,9% manifestó hacerlo con frecuencia. En cambio, entre quienes utilizan redes sociales diariamente, únicamente el 12,1% indicó leer libros todos los días y apenas el 10% señaló que lo hace con frecuencia.

El informe también muestra que dentro de este último grupo más de cuatro de cada diez estudiantes (42,7%) no leen ningún libro, lo que evidencia una marcada diferencia respecto de quienes permanecen al margen del uso cotidiano de estas plataformas.

La presencia de libros en el hogar hogares.

Las investigaciones educativas vienen señalando desde hace años que la cantidad de libros presentes en una vivienda guarda relación con el rendimiento escolar de los estudiantes. En esta oportunidad, la evaluación incorporó una categoría que no figuraba en ediciones anteriores: la existencia de hogares sin ningún libro.

El resultado mostró que el 20,7% de los hogares argentinos no posee libros, es decir, aproximadamente dos de cada diez viviendas.

La relación entre esa realidad y los hábitos de lectura aparece reflejada en los resultados del estudio. Entre los estudiantes que viven en hogares con más de 100 libros, el 40% lee diariamente o con frecuencia, mientras que el 24% no lee. En el extremo opuesto, entre quienes viven en hogares sin libros, apenas el 14% mantiene una práctica de lectura diaria o frecuente y casi dos de cada tres (64%) directamente no leen.

Las diferencias según el tipo de escuela y el nivel socioeconómico

El informe también identifica diferencias importantes según el contexto de los estudiantes. Entre quienes asisten a escuelas estatales, el 25,3% vive en hogares donde no hay libros, mientras que esa situación alcanza al 8,3% de quienes concurren a escuelas privadas.

La brecha resulta todavía mayor cuando se analiza el nivel socioeconómico de las familias. En los hogares de nivel socioeconómico bajo, el 43,8% no posee libros, mientras que entre los hogares de nivel socioeconómico alto esa proporción desciende al 7,6%.

Estos datos muestran diferencias significativas en el acceso a materiales de lectura según las condiciones socioeconómicas y educativas.

La conectividad está extendida, pero ...

Para relacionar los hábitos lectores con el acceso a la tecnología, la prueba Aprender también consultó a los estudiantes sobre los dispositivos disponibles en sus hogares.

Los resultados muestran que la conectividad se encuentra prácticamente universalizada. Los principales indicadores son:

  • 96,7% de los estudiantes tiene acceso a Internet en su hogar.
  • 93,7% dispone de teléfono celular.

Sin embargo, el informe advierte que persisten importantes desigualdades en el acceso a dispositivos considerados de mayor utilidad para las actividades escolares.

Uno de los ejemplos más claros corresponde a las computadoras de uso personal. Mientras dos de cada tres alumnos de nivel socioeconómico alto cuentan con una computadora propia, ese porcentaje desciende al 15,1% entre los estudiantes pertenecientes a los sectores más vulnerables.

El estudio señala que diferencias similares también se observan en el acceso a tablets y otros dispositivos tecnológicos.

El papel de la escuela frente a los nuevos desafíos

El informe oficial sostiene que "la creciente digitalización de la vida cotidiana plantea nuevos desafíos para la práctica de la lectura". En ese contexto, destaca el papel que desempeñan las escuelas para compensar las desigualdades de origen y generar nuevos estímulos vinculados con la lectura.

En particular, el documento resalta la importancia de las bibliotecas escolares y áulicas, tanto como espacios destinados al préstamo de libros como ámbitos para la reflexión y el trabajo sobre las lecturas realizadas.

Especialistas analizan el fenómeno

Los resultados de Aprender fueron analizados por Clarín junto a distintos especialistas. Fabio Tarasow, coordinador del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de Flacso, consideró que el problema excede el tiempo que los chicos pasan frente a las pantallas.

Según expresó, la sociedad no ha logrado construir mecanismos de protección para evitar que los menores accedan a las redes sociales tal como funcionan actualmente. No obstante, sostuvo que la solución no pasa por prohibirlas, ya que considera que esas restricciones son difíciles de aplicar y no abordan el problema de fondo. En ese sentido, planteó la necesidad de preguntarse por qué los chicos permanecen tanto tiempo en esas plataformas.

Por su parte, Roxana Morduchowicz, doctora en Comunicación por la Universidad de París y asesora principal de Unesco en Ciudadanía Digital, afirmó que los resultados no la sorprenden. Señaló que las redes sociales constituyen actualmente una parte esencial de la identidad juvenil y advirtió que los menores comienzan a utilizarlas cada vez a edades más tempranas, incluso antes de los 13 años, edad mínima requerida para abrir una cuenta.

A su vez, Andrea Goldin, investigadora del Conicet y de la Universidad Di Tella, introdujo una mirada más cautelosa. Si bien consideró elevado el porcentaje de chicos que utiliza redes sociales diariamente, sostuvo que los resultados de Aprender no permiten afirmar que exista una relación de causa y efecto entre el uso de esas plataformas y una menor lectura.

Goldin señaló que el tiempo dedicado a una actividad necesariamente reduce el disponible para otras, aunque aclaró que eso no alcanza para establecer una causalidad. Agregó que un fenómeno que sí suele observarse es la disminución de la actividad física cuando aumenta el tiempo frente a las pantallas.

La investigadora también sostuvo que el comportamiento de los niños refleja prácticas presentes en la sociedad en su conjunto. Según indicó, los adultos también han perdido hábitos de lectura, situación que asoció, entre otros factores, a las dificultades económicas, la menor capacidad para comprar libros y el aumento del pluriempleo, que reduce el tiempo disponible para leer.

La necesidad de generar alternativas

Fabio Tarasow también planteó la importancia de fortalecer otros espacios de participación para niños y adolescentes.

El especialista señaló que cada vez existen menos lugares donde los chicos puedan encontrarse para realizar actividades en condiciones que las familias consideren seguras. En ese contexto, explicó que muchos padres pueden percibir que un hijo utilizando redes sociales dentro del hogar está más protegido que permaneciendo en espacios públicos.

Por ese motivo, propuso impulsar alternativas capaces de competir con el tiempo destinado a las plataformas digitales mediante el fortalecimiento de clubes, bibliotecas, espacios barriales, la mejora de las canchas y la ampliación de las propuestas culturales, deportivas y recreativas.

Como ejemplo, mencionó al fútbol y sostuvo que, si los clubes contaran con mejores condiciones de infraestructura, iluminación y espacios adecuados, más chicos optarían por practicar ese deporte en lugar de dedicar su tiempo a las redes sociales.