Los estudiantes Guadalupe Coronel y Lautaro Manuel Arroyo, de la carrera de Arquitectura de la Facultad de Tecnología y Ciencias Aplicadas de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA), obtuvieron una Mención de Honor en el Desafío Alacero 2026, en su instancia nacional. La distinción fue otorgada por una propuesta arquitectónica que plantea recuperar un ingenio abandonado en Tucumán para transformarlo en un Centro de Innovación y Educación.
Los jóvenes representaron a la UNCA y desarrollaron el proyecto con el acompañamiento de los tutores, los arquitectos Manuel Alazraki y Adrián Mallol Moretti. El reconocimiento destaca una iniciativa que vincula la recuperación de una estructura industrial en desuso con la creación de nuevos espacios destinados a la producción, la investigación y la formación educativa.
El concurso está dirigido específicamente a estudiantes de Arquitectura y cuenta con una etapa nacional y otra internacional. Esta última se desarrollará el mes próximo en México, en el marco del Congreso del Acero Latinoamericano, donde se evaluarán los trabajos correspondientes a ocho países y se otorgarán nuevas distinciones.
La mención obtenida por los representantes catamarqueños constituye un reconocimiento al trabajo realizado durante su formación universitaria y a una propuesta que busca abordar, desde la disciplina arquitectónica, las consecuencias del abandono de antiguas instalaciones productivas.
Cómo funciona el Desafío Alacero
El arquitecto Manuel Alazraki explicó que se trata de un certamen con requisitos específicos para quienes desean participar. Según detalló, la condición principal es estar cursando una carrera universitaria de grado vinculada con la Arquitectura.
"Es un concurso específico para estudiantes de Arquitectura y la única condición que se pide para participar del concurso es ser estudiante de grado de una carrera estas características, incluso los tutores pueden ser independientes, es decir que, si bien tienen que ser universitarios, pueden no pertenecer a la misma cátedra que los estudiantes", señaló el docente.
Alazraki también describió el proceso de evaluación y la continuidad internacional del certamen. La primera instancia se desarrolla a nivel nacional, donde se selecciona un ganador. Posteriormente, durante el Congreso del Acero Latinoamericano, se consideran las propuestas de ocho países y se definen otros premios.
"Se trata de una etapa nacional, de la cual sale un ganador y luego, en el Congreso del Acero Latinoamericano, se consideran los trabajos de ocho países y de ahí salen otros premios. Esto se expone en un stand durante el Congreso", explicó. El arquitecto aclaró que los trabajos presentados no se exponen en el marco del Congreso, aunque los propios estudiantes suelen publicar sus proyectos una vez finalizada esa instancia.
De esta manera, el Desafío Alacero articula una etapa de alcance nacional con una instancia internacional, en la que las propuestas desarrolladas por estudiantes de distintos países son consideradas en el marco de un encuentro dedicado al acero.
Un proyecto desarrollado desde el cuarto año de la carrera
Coronel y Arroyo pertenecen al Taller Integrador de Diseño 4, correspondiente al cuarto año de la carrera de Arquitectura de la UNCA. Alazraki destacó el esfuerzo que implica para los estudiantes desarrollar una propuesta de estas características, especialmente porque no se trata de un trabajo correspondiente a la tesis de grado.
El docente puso en valor la dedicación necesaria para llevar adelante el proyecto en el marco de la formación académica y subrayó que la iniciativa surgió de manera autogestiva por parte de los alumnos. Según explicó, la temática del concurso cambia en sus enfoques específicos, aunque mantiene una orientación general vinculada con la sustentabilidad. Para la edición 2026, el eje propuesto fue la innovación.
"Todos los años la temática gira en torno a la sustentabilidad y puntualmente este año se planteó el tema de la innovación. A partir de eso, nuestros estudiantes de la UNCA decidieron de manera autogestiva, tomar esta fábrica abandonada y proponer un espacio productivo y de investigación vinculado al territorio. Estamos muy orgullosos de este logro", afirmó Alazraki.
La propuesta parte de una estructura industrial abandonada y plantea una nueva utilización del predio, con actividades relacionadas con la educación, la investigación y el desarrollo de tecnologías. El objetivo es que el edificio recupere una función activa y establezca una relación renovada con su entorno social y productivo.
Vincular educación, tecnología y producción
Guadalupe Coronel explicó que la intención del proyecto es que la refuncionalización del antiguo ingenio permita generar otro tipo de vínculo entre el predio, la comunidad y la producción de nuevas tecnologías.
La propuesta no se limita a recuperar físicamente una construcción en desuso, sino que plantea incorporar actividades capaces de otorgarle una nueva función dentro del territorio. En ese esquema, el centro de innovación se proyecta como un espacio que articule el conocimiento, la producción y la educación universitaria.
La estudiante señaló que actualmente funciona en el predio del ingenio la Universidad San Pablo de Tucumán. A partir de esa realidad, el proyecto contempla la posibilidad de vincular el programa educativo universitario existente con los usos previstos para el nuevo Centro de Innovación y Educación.
La integración de ambas propuestas permitiría reunir actividades académicas y espacios destinados a la experimentación, el intercambio y la producción tecnológica.
Entre los usos contemplados por el proyecto se encuentran:
Espacios colectivos y de reunión, destinados al encuentro y la interacción entre las personas.
Áreas de exposición, para presentar proyectos, trabajos y desarrollos.
Laboratorios de impresión 3D, vinculados con las posibilidades de experimentación y producción tecnológica.
Un programa educativo y de innovación, relacionado con la actividad universitaria que ya funciona en el predio.
La iniciativa busca que estos espacios se integren en una propuesta común, donde la recuperación del edificio industrial y la incorporación de nuevas actividades permitan construir una relación diferente entre la infraestructura existente y las necesidades de la comunidad.
Una reparación histórica a partir de la ruina industrial
Coronel definió el proyecto como una propuesta de transformación que busca recuperar un espacio afectado por el abandono y reinsertarlo en la dinámica social y productiva.
"El proyecto propone un nuevo paradigma de retorno comunitario donde tomamos la ruina industrial para transformarla y acondicionarla para lograr una reparación histórica y reactivación socio-productiva", explicó. La estudiante señaló que la elección del antiguo ingenio estuvo vinculada con el análisis de las consecuencias que dejó el cierre de estas fábricas en la provincia de Tucumán. El equipo estudió el impacto social de esos procesos y las etapas de abandono y descuido por las que atravesaron las construcciones.
"Analizamos lo que dejó el cierre de los ingenios en la provincia a nivel social y cómo lo construido pasó por etapas de abandono y descuido", detalló Coronel al explicar el origen de la propuesta.
Desde esa perspectiva, el proyecto plantea recuperar una estructura que perdió su función original y acondicionarla para desarrollar nuevas actividades. La intervención arquitectónica se presenta como una forma de vincular la memoria de la actividad industrial con nuevas posibilidades de uso comunitario, educativo y productivo.
La idea de reparación histórica expuesta por la estudiante se relaciona con la recuperación de lo construido y con la intención de que el predio vuelva a tener una función dentro de la sociedad. La reactivación socio-productiva aparece así como uno de los objetivos centrales de la propuesta, junto con la incorporación de espacios para la innovación y la investigación.