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La Iglesia de Catamarca alza su voz contra las adicciones y el narcotráfico

En el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, Mons. Luis Urbanč presidió una Eucaristía en el Día Internacional de la Lucha contra las Drogas.

26 Junio de 2026 22.52

En la noche de este viernes, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanč, presidió la Santa Misa en el Santuario de Nuestra Señora del Valle y Catedral Basílica, en un contexto de profunda significación pastoral y social.

Durante la celebración también se elevó una oración especial por el pueblo venezolano, que atraviesa las consecuencias de terremotos devastadores registrados en la zona, recordando a los fallecidos, a las familias que perdieron sus hogares y a quienes colaboran en las tareas de asistencia humanitaria.

La Eucaristía fue concelebrada por el padre Juan Ramón Cabrera, rector del Santuario Catedral, y el padre Julio Ávalos, responsable de la Pastoral de Adicciones en la Diócesis de Catamarca, quien desarrolla este servicio junto al diácono Sergio Colósimo.

Participaron además:

  • Miembros de la Pastoral de Adicciones
  • Integrantes del Hogar de Cristo Padre Raúl Contreras, ubicado en el barrio Santa Marta del sur capitalino
  • Jóvenes de la Fraternidad Nuestra Señora del Valle de la Comunidad Cenáculo, dedicada a la recuperación de jóvenes con adicciones, que funciona en la casa de ingreso a la localidad de El Rodeo, departamento Ambato, donde actualmente residen cerca de 20 jóvenes de distintos lugares del país y otros

La homilía de Mons. Luis Urbanč: mirada de Cristo sobre la realidad del dolor

En el inicio de su homilía, Mons. Urbanč propuso una lectura espiritual y social de la problemática de las adicciones, afirmando:

"Hoy, mientras la comunidad internacional recuerda la necesidad de luchar contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, la Iglesia nos invita a mirar esta realidad con los ojos de Cristo: ojos que no condenan a la persona, sino que denuncian el mal y ofrecen caminos de vida, reconciliación y esperanza".

El prelado advirtió además sobre el impacto profundo de las drogas:

  • Destrucción progresiva de la vida individual
  • Daño a las familias
  • Ruptura de amistades
  • Incremento de la violencia
  • Fortalecimiento de redes criminales

Subrayó que detrás de cada caso existe una historia humana irreductible:

"Detrás de cada historia de adicción hay un rostro, un nombre, una familia y una profunda necesidad de amor, de escucha y de sentido".

Tres compromisos para la comunidad cristiana

En su mensaje central, el obispo afirmó que la experiencia de Jesús en los Evangelios revela una actitud constante de encuentro con los caídos, sin reducir a la persona a su fragilidad.

A partir de ello, propuso tres compromisos fundamentales para la comunidad cristiana:

1. Prevenir

  • Educación en valores para niños y jóvenes
  • Fortalecimiento de la familia
  • Ambientes de diálogo, afecto y oportunidades
  • Presencia amorosa que acompaña y escucha

2. Acompañar

  • Apoyo constante a quienes atraviesan adicciones
  • Paciencia y apertura comunitaria
  • Integración de la gracia de Dios, la ayuda profesional y el sostén humano
  • Reconocimiento de que nadie se recupera en soledad

3. Trabajar por una sociedad más justa

  • El narcotráfico prospera en contextos de pobreza, exclusión, corrupción y desesperanza
  • La lucha contra este flagelo trasciende la seguridad y las leyes
  • Requiere una cultura donde la dignidad humana esté por encima del dinero y el poder

Una oración que abraza a todos los actores del conflicto social

Mons. Urbanč también elevó una oración amplia por todos los involucrados en la problemática:

  • Personas con dependencias
  • Familias que sufren en silencio
  • Profesionales de la salud, educadores y voluntarios
  • Quienes arriesgan su vida enfrentando organizaciones criminales
  • Incluso quienes participan del tráfico de drogas, pidiendo su conversión

En este sentido, reafirmó la esperanza cristiana:

"Ninguna persona está perdida definitivamente. Dios siempre puede abrir un camino nuevo".

Ser firmes en la defensa de la vida

Tras reflexionar sobre los textos bíblicos, el obispo destacó un doble compromiso eclesial:

  • Defensa firme de la vida, denunciando aquello que convierte a las personas en mercancía y destruye el tejido social
  • Cercanía con los heridos, siguiendo el ejemplo de Jesús

Asimismo, pidió:

  • Sanación para quienes padecen adicciones
  • Fortaleza para sus familias
  • Honestidad y valentía para los responsables públicos
  • Un corazón capaz de compasión "como Cristo con el leproso"

Y concluyó con una imagen de esperanza:

"Después del destierro viene el regreso; después del llanto puede renacer el canto; y después del encuentro con Cristo es posible comenzar una vida nueva".

Esperanza, intercesión y cierre pastoral

Finalmente, Mons. Urbanč imploró la intercesión de la Virgen del Valle, Madre de la Esperanza, y del Beato Mamerto Esquiú, para que acompañen especialmente a los jóvenes, fortalezcan a las familias y sostengan a quienes trabajan en la recuperación de personas con adicciones.

La celebración dejó así un mensaje central: en medio del dolor social que provocan las drogas y la violencia asociada, la respuesta eclesial se articula entre denuncia, acompañamiento y esperanza activa, sostenida en la convicción de que toda vida humana conserva la posibilidad de un nuevo comienzo.

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