La ansiedad, muchas veces percibida como una sensación que debe desaparecer cuanto antes, fue el eje de la presentación que Sofía Calvo realizó durante la segunda jornada de la Feria del Libro de Catamarca. Ante cientos de personas que se acercaron desde temprano para conseguir un lugar en el auditorio, la psicóloga, escritora y comunicadora compartió las principales ideas de su nuevo libro, La vida después de entender la ansiedad, una obra que propone revisar la manera en que interpretamos este síntoma y prestar atención a aquello que puede estar expresando sobre nuestra vida.
Desde una perspectiva psicoanalítica, Calvo planteó la necesidad de dejar de considerar la ansiedad únicamente como una enemiga a combatir. En cambio, invitó a preguntarse qué hay detrás de esa experiencia, qué situaciones pueden estar influyendo en el malestar y cuáles son las cuestiones que necesitan ser atendidas.
La propuesta de la autora consiste en abrir un espacio para la reflexión, sin reducir todas las experiencias a una misma explicación. La ansiedad puede estar relacionada con vivencias de la infancia que no llegaron a elaborarse, con dificultades que las personas atraviesan en el presente y con los contextos sociales, económicos y culturales en los que desarrollan su vida cotidiana.
En ese sentido, durante la charla destacó que no todas las personas cuentan con las mismas herramientas ni disponen de las mismas posibilidades para afrontar aquello que les sucede. Por eso, remarcó la importancia de identificar recursos y encontrar acompañamientos acordes con las necesidades y circunstancias de cada situación.
El planteo central de La vida después de entender la ansiedad apunta, de este modo, a modificar la relación con el malestar: en lugar de buscar solamente su eliminación inmediata, propone detenerse a escuchar lo que puede estar señalando y revisar las condiciones personales y sociales que intervienen en la experiencia de cada individuo.
Las exigencias sociales y la obligación de ser felices
Otro de los ejes centrales del encuentro estuvo relacionado con los mandatos que atraviesan la vida cotidiana y con las exigencias de una sociedad que suele asociar la felicidad con el éxito laboral, el reconocimiento y la productividad.
Calvo puso el foco en la presión que pueden generar esos modelos, especialmente cuando se convierten en parámetros para evaluar la propia vida. La idea de que siempre hay que alcanzar nuevos objetivos, producir más o conseguir reconocimiento puede alimentar la sensación de que nunca es suficiente lo que hacemos.
En ese escenario, las redes sociales también ocupan un lugar relevante. Las imágenes de vidas aparentemente perfectas que circulan en esas plataformas pueden profundizar la percepción de estar en falta, de no alcanzar determinados estándares o de no hacer todo lo necesario para responder a las expectativas propias y ajenas.
Frente a esa dinámica, la autora invitó a cuestionar los modelos sociales que presentan determinadas formas de éxito como sinónimo de felicidad. Su planteo apuntó a revisar hasta qué punto esas exigencias condicionan la manera de vivir y de interpretar las propias experiencias.
La reflexión también estuvo orientada a recuperar la atención sobre los sentimientos y las necesidades personales, más allá de aquello que se muestra públicamente o de lo que los demás esperan. La distancia entre la vida que una persona experimenta y la imagen que siente que debe proyectar puede convertirse en una fuente de presión, por lo que Calvo propuso revisar esas expectativas y preguntarse cómo se siente cada uno frente a ellas.
La invitación no se limitó a cuestionar las redes sociales o las exigencias laborales, sino que alcanzó a los mandatos culturales que atraviesan la vida cotidiana. La propuesta fue reconocer su influencia y abrir la posibilidad de construir otras maneras de relacionarse con las obligaciones, los deseos y las expectativas.
El celular y la inteligencia artificial
Las nuevas tecnologías y su impacto en los vínculos humanos también formaron parte de la presentación. Calvo advirtió sobre el riesgo de recurrir permanentemente al celular o a la inteligencia artificial para calmar la incertidumbre y encontrar respuestas frente a situaciones que no siempre pueden resolverse de manera inmediata.
La observación no implicó desconocer que estas herramientas pueden resultar útiles para algunas personas. Sin embargo, la autora defendió el valor irremplazable del contacto humano, la conversación y la construcción de relaciones que permitan compartir aquello que nos sucede.
En un contexto en el que los dispositivos tecnológicos forman parte de numerosas actividades cotidianas, la reflexión apuntó a considerar qué lugar ocupan en la manera de afrontar las dudas y el malestar. La búsqueda constante de respuestas puede convertirse en una forma de intentar reducir la incertidumbre, aunque no todas las preguntas encuentren una solución inmediata.
Frente a esa necesidad de obtener certezas, Calvo destacó la importancia de mantener espacios de intercambio con otras personas. La conversación y los vínculos ofrecen la posibilidad de expresar lo que se siente, compartir preocupaciones y construir relaciones en las que el malestar pueda ser escuchado.
Su planteo se vinculó con uno de los mensajes centrales del libro: comprender la ansiedad también supone revisar las formas en que las personas intentan enfrentar aquello que las inquieta. En esa búsqueda, las herramientas tecnológicas pueden cumplir determinadas funciones, pero no reemplazan el valor de los encuentros humanos y de los vínculos construidos a través del diálogo.
La amistad y las redes de contención
La importancia de la amistad y de las redes de contención fue otro de los aspectos destacados durante la charla. Calvo subrayó la necesidad de encontrar maneras propias de transitar el malestar y de reconocer que existen diferentes caminos para intentar estar mejor.
En esa perspectiva, los vínculos adquieren un lugar fundamental. Contar con personas con quienes compartir lo que sucede permite construir espacios de acompañamiento y evitar que las dificultades queden limitadas a una experiencia individual que deba resolverse en soledad.
La autora también señaló que mejorar no siempre es un proceso sencillo ni accesible para todas las personas. Las posibilidades de afrontar las dificultades varían según las circunstancias y los recursos disponibles, una diferencia que había señalado al referirse a los factores sociales, económicos y culturales que pueden incidir en el bienestar.
Por eso, su invitación fue a no resignarse frente a aquello que hace daño y a animarse a revisar las propias formas de vivir y relacionarse. La propuesta no consistió en presentar una respuesta única para todas las experiencias, sino en reconocer que existen distintos caminos y que resulta importante encontrar los recursos y acompañamientos adecuados para cada situación.
La amistad, la conversación y las redes de contención quedaron así vinculadas con una mirada que busca comprender el malestar sin reducirlo a una dificultad individual aislada de su entorno. La posibilidad de estar mejor, según el planteo compartido por Calvo, requiere un trabajo que puede resultar complejo, pero que admite diferentes formas de abordaje.