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Vivió en Catamarca y Benín, el rival de la despedida de Messi: "Ellos se sienten protagonistas"

La hermana María José Ramírez llegó al país africano con 55 años y asegura que hoy se siente "una beninesa más". Desde una aldea sin agua potable ni electricidad, cuenta cómo viven sus habitantes la posibilidad de enfrentar a Messi y describe una misión atravesada por el esfuerzo, la solidaridad y pequeños grandes logros.

Hna.María José Ramírez
Hna.María José Ramírez

6 Octubre de 2026 08.20

"Mi corazón está en este inhóspito lugar que amo tanto". La frase de la hermana cordobesa María José Ramírez, de 61 años, resume una experiencia que comenzó en 2020 y que terminó transformando profundamente su manera de mirar la vida. Llegó a Benín con 55 años para desarrollar una misión religiosa y social y, desde entonces, se instaló en la aldea de Kpari, a 40 kilómetros de Parakou, una de las ciudades importantes del país en el camino hacia la frontera este con Nigeria. Previamente, fue parte de la primera comunidad de hermanas Esclavas del Corazón de Jesús que se radicaron en Catamarca al servicio de la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle.

Hoy ella dice sentirse "una beninesa más" y asegura que no quiere regresar, aunque deberá volver a la Argentina para tratarse unos fuertes pinzamientos en la espalda que atribuye al intenso desplazamiento por rutas destruidas, prácticamente imposibles de transitar.

En estos días, su vida en Benín quedó inevitablemente atravesada por un acontecimiento que también despertó la atención de muchos argentinos: el partido que este martes enfrentará a la Selección argentina con Benín, en el marco de la despedida de Lionel Messi. Para María José, que ahora se encuentra radicada en La Rioja, el encuentro representa mucho más que un partido de fútbol. Es una oportunidad extraordinaria para una población que, según cuenta, siente que por primera vez ocupa un lugar protagónico frente a la mirada del mundo.

"No te das una idea de la alegría"

Muchos argentinos conocieron la existencia de Benín a partir del partido que marcará el último capítulo de Messi con la camiseta argentina. En el país africano, en cambio, el anuncio del encuentro fue recibido con una enorme alegría. "No te das una idea de la alegría que se vivió en las distintas ciudades cuando se anunció oficialmente el encuentro amistoso", relata María José.

La religiosa explica que en Benín adoran a Maradona y a Messi, aunque existe una particularidad: no necesariamente los vinculan con Argentina. Incluso, señala que algunos habitantes no conocen demasiado del país sudamericano y que, por su aspecto, creen que los argentinos son europeos.

Ella misma reconoce que el fútbol no era el punto fuerte de su vida, aunque su permanencia en África hizo que se fuera encariñando con la Selección argentina. Y justamente el fútbol terminó abriendo una conversación distinta sobre la importancia que tiene para los benineses haber sido elegidos como rivales para la despedida de Messi.

"Imaginate lo que significa para este pueblo beninés haber sido el elegido para un evento excluyente como es la despedida de Messi. No tiene precio", sostiene. La hermana considera que la trascendencia del partido excede ampliamente el campo de juego. Benín sabe que el mundo del fútbol estará observando y que su Selección ocupará un lugar de atención internacional.

"Se sienten importantes y protagonistas pese a no ser una Selección fuerte en el continente", explica.

Hna.María José Ramírez
Hna.María José Ramírez

Una misión en una aldea de extrema austeridad

La historia de María José en Benín no nació alrededor del fútbol. Su objetivo es acompañar y ayudar a vivir mejor a una población atravesada por la extrema pobreza, en una región donde las necesidades más básicas forman parte de la vida cotidiana.

Kpari es una aldea perdida en la selva, habitada por unas mil personas, y durante mucho tiempo ni siquiera aparecía en Google Maps. Eso cambió gracias a una gestión realizada por la Congregación Esclavas del Corazón de Jesús Argentinas, a la que pertenece María José.

"Son pequeños inmensos logros", define. La religiosa destaca especialmente a la población local, a la que describe como gente "hermosa, amable y querible". También destaca la posibilidad de convivir con distintas etnias y religiones.

"Me conmueve vivenciar la experiencia de compartir la vida con distintas etnias y religiones tan diversas, que se tratan con respeto, tolerancia y paz", expresa. Para ubicar geográficamente el escenario donde desarrolla su misión, Benín se encuentra en el oeste de África, sobre el golfo de Guinea. Limita con Togo hacia el oeste, Burkina Faso y Níger al norte y Nigeria al este. Su capital oficial es Porto Novo, mientras que Cotonú concentra buena parte de la actividad política y económica y funciona como principal centro urbano y comercial.

El país fue colonia de Francia hasta 1960 y hasta 1975 fue conocido como Dahomey.

"Sólo gratificación" después de años de preparación

La llegada de María José a Benín requirió casi dos años de preparación. Antes de viajar, debió aplicarse numerosas vacunas, entre ellas contra la fiebre amarilla, la tifoidea, la hepatitis y el tétanos.

Cuando comunicó a su familia que se marchaba a misionar a Benín, recibió preocupación y negativas. Con el tiempo, esas posturas fueron cambiando a medida que sus familiares pudieron verla realizada en su misión.

La vida cotidiana, sin embargo, está atravesada por el esfuerzo. "Un esfuerzo que es bienvenido, viendo la necesidad que hay en aldeas como las que vivo", explica.

María José define su tarea como "promoción humana". Eso implica escuchar historias de vida, acompañar a las personas y organizar las distintas actividades que deben desarrollarse en la comunidad.

Cuando llegaron, prácticamente todo estaba por hacerse. Desde entonces, lograron avanzar en distintos proyectos, entre ellos una iniciativa educativa. La escuela que pudieron abrir permite colaborar con la alfabetización de los chicos. No forma parte del sistema educativo formal, sino que está destinada a adolescentes que realizan la primaria en cuatro años. Las clases se desarrollan en dos salitas y los maestros son musulmanes.

La misión también incluye otras actividades productivas y comunitarias:

  • Crianza de animales.
  • Realización de una huerta propia.
  • Producción vinculada principalmente al maíz y la soja.
  • Enseñanza de costura y tejido.
  • Generación de trabajo en un granero destinado a mujeres de la aldea.
  • Escuela de fútbol para chicos de 8 a 14 años.
  • Organización de un torneo anual entre distintas aldeas.

Vivir sin agua potable ni electricidad

La vida en Kpari está marcada por una austeridad extrema. No hay agua potable ni luz eléctrica, una realidad que María José conocía antes de llegar y que, según afirma, nunca hizo que dudara de su decisión. El agua utilizada por parte de la población se obtiene de un río con agua estancada y luego se hierve para reducir las bacterias. En otras aldeas se consigue mediante pozos, mientras que también existen bombas de agua, aunque resultan muy costosas y cuando pueden instalarse dependen de fondos extranjeros.

La ausencia de electricidad obliga a utilizar pantallas solares, que permiten disponer de aproximadamente dos horas de luz por día.

El acceso a internet también es limitado. Hay una antena precaria que permite conectarse cuando las condiciones lo permiten, pero la señal depende de los vientos. Durante la noche, la iluminación se realiza mediante fuego.

Pese a esas condiciones, María José asegura que nunca dudó de su decisión. "Yo sabía dónde venía y nunca dudé más allá de las carencias", afirma.

Caminos destruidos y una espalda castigada

Uno de los mayores esfuerzos cotidianos son los desplazamientos hasta Parakou, la ciudad más cercana, donde deben comprar alimentos, entre otras cosas porque en la escuela también les dan de comer a los chicos.

Los viajes se realizan en moto o camioneta, pero el estado de los caminos obliga a circular a una velocidad que difícilmente supera los 20 kilómetros por hora. "Yo tengo la espalda a la miseria producto de tanto trajín en cada trayecto", cuenta la religiosa.

Es precisamente ese desgaste el que le provocó los fuertes pinzamientos que ahora deberán ser tratados en Argentina. Sin embargo, incluso mientras reconoce las consecuencias físicas de esos recorridos, sostiene que viajar resulta prioritario.

La alimentación de la comunidad también refleja las condiciones de vida. El principal sustento es el maíz y la soja, mientras que la comida habitual consiste en una especie de polenta elaborada con harina de maíz blanco y acompañada por distintas salsas.

La carne aparece muy pocas veces. El pollo, explica, se consume cada tanto. A la par de las actividades agrícolas, la Congregación consiguió créditos de empresas europeas para generar trabajo en un granero destinado a las mujeres de la aldea. María José también aporta desde su conocimiento enseñando costura y tejido.

El fútbol llegó a cuatro aldeas

El deporte terminó ocupando también un lugar dentro de la misión. Actualmente cuentan con una escuela de fútbol en cuatro aldeas, destinada a chicos de entre 8 y 14 años.

"La verdad es que lo disfrutan un montón", dice María José. El proyecto derivó incluso en la organización de un torneo anual. La iniciativa no es sencilla debido a las distancias que separan a las distintas aldeas, pero la religiosa vuelve a definir estos avances como pequeños pasos alcanzados durante los años de trabajo.

Hna.María José Ramírez
 

María José habla francés y también conoce algunas frases de los dialectos locales. Vive en una casa junto a otras cinco mujeres de la Congregación, entre ellas otra argentina. Son, según cuenta, las únicas dos argentinas en todo el país.

Entre los peligros y la convivencia cotidiana

La vida en las aldeas tampoco está exenta de riesgos. Cada comunidad está administrada por una autoridad civil denominada delegado, responsable de intervenir frente a los problemas habituales que se producen entre ganaderos y agricultores.

Las disputas pueden alcanzar niveles extremos. "Es común que resuelvan sus diferencias a machetazos y a veces es de vida o muerte", relata María José.

También reconoce que existe peligro y mucho machismo, aunque afirma que no teme por su vida. Su permanencia, explica, está sostenida por la motivación de sentirse útil y compartir con los demás.

"No te das una idea cómo la gente valora que nosotras estemos allí, lejos de nuestras raíces, sólo con el fin de dar una mano", sostiene.

Benín vive el partido como una fiesta nacional

Y allí vuelve a aparecer el fútbol, esta vez como un fenómeno que trasciende a la propia Selección. Benín ocupa actualmente el puesto 93° del ranking de la FIFA, pero para María José el valor del partido frente a Argentina no puede medirse solamente por la jerarquía deportiva.

"Socialmente es esencial para un pueblo ver a su representativo en un encuentro de tanta trascendencia", afirma. Para los habitantes del país africano, jugar contra Argentina y participar de la despedida de Messi representa orgullo para la gente y para los propios jugadores. Es, según explica, una manera de mostrar que existen primero como país y luego como seleccionado nacional.

"Se vive como una fiesta nacional", resume.

En ese contexto, existe también cierto temor ante la posibilidad de una goleada, especialmente después de lo ocurrido recientemente en Polonia con el seleccionado femenino Sub-20, cuando Argentina se impuso 8-0. Aun así, María José asegura que los jugadores benineses "van a dejar todo en la cancha", con la expectativa de hacer un papel mejor que Burkina Faso y regresar con honores.

De las "ardillas" a los "guepardos"

La hermana argentina también cuenta una particularidad vinculada con la identidad deportiva de los países africanos. Cada seleccionado suele ser identificado con un animal representativo de su tierra.

Los ejemplos que menciona son los Leones Indomables de Camerún, los Elefantes de Costa de Marfil, las Águilas de Nigeria, los Leopardos de Congo y los Zorros del desierto de Argelia.

En el caso de Benín, durante mucho tiempo los jugadores fueron conocidos como "las ardillas", una denominación que no gozaba de demasiada aceptación en la sociedad, entre otras cosas porque el equipo perdía habitualmente con sus rivales. Desde hace relativamente poco, la Selección es identificada como "los guepardos", una denominación vinculada al marketing.

María José sonríe al relatarlo, mientras sigue con atención la expectativa que genera el partido.